La historia del crimen que terminó con un feudo.

ANTONIO MUSA AZAR

El hombre de la gestapo santiagueña.

La historia de un represor que perdió su poder recién en 2003.

Mano derecha del Gobernador Carlos Arturo “Tata” Juárez, Musa Azar empezó a construir su carrera en el Área de Inteligencia y Seguridad en los años 70. Ocupó altos cargos antes, durante y después de la dictadura militar. Tuvo que enfrentar denuncias por delitos de lesa humanidad pero quedó libre gracias a las leyes de obediencia debida y punto final. Así, pudo regresar a la función pública. En 1995, Juárez lo puso a cargo de la inteligencia de la policía, desde donde construyó un aparato de espionaje y persecución al servicio del poder político. En 2003, la muerte de dos chicas puso fin a su carrera y a la impunidad de la que gozaba hacía 30 años.

Antonio Musa Azar nació el 6 de diciembre de 1936, en la localidad de Árraga, muy cerca de la capital santiagueña. Hijo de Azar Azar y Anice Curi, de origen árabe, ya a los 18 años se sintió atraído por la carrera policial. No cursó estudios avanzados y, a los 19, se anotó en la Escuela de Policía de la Provincia. En 1956, ingresó a la Policía de Santiago del Estero. Comenzó realizando tareas en la Radio Policial y fue ascendiendo hasta llegar al cargo de Oficial Subinspector.

Por ese entonces, Musa ya estaba casado y tenía tres amantes. Todas sus mujeres se conocían entre sí, sabían que Musa no era hombre de una sola mujer. Hasta sus jefes sabían que, dependiendo el día de la semana, Musa estaba en la casa de una u otra.

En 1972, Musa obtuvo un pase estratégico, lo asignaron al Departamento de Informes Policiales (DIP); básicamente lo que hacia desde ahí era espiar a los santiagueños para detectar posibles “subversivos”. En 1973, con Perón regresando al país, Carlos Juárez llegó a la gobernación por segunda vez. Fue entonces cuando Musa se acercó al Tata y comenzaron a trabajar juntos. En Argentina, eran tiempos de la Triple A, y Musa era el encargado de realizar las tareas sucias en Santiago. De a poco, Musa se fue ganando la confianza del Tata. Durante esos años, Juárez envío a Musa a la SIDE para perfeccionarse en sus tareas. Azar realizó el “Curso sobre Inteligencia” y el “Curso de Inteligencia para Policías Provinciales”. De esos años, datan las primeras denuncias contra Musa por secuestro, desaparición y tortura de civiles en Santiago del Estero.

Con el golpe de 1976, Carlos Juárez debió exiliarse, pero Musa siguió trabajando para el Gobierno. Durante sus últimos años en la DIP, Musa Azar conoció a Marta Cejas, que trabajaba en el Penal de Mujeres. A fines del 77, Musa y Marta comenzaron una relación. De todas las amantes, Marta era “la oficial”. A pesar que nunca vivió con ella, el vínculo fue casi como el de un matrimonio, de hecho, fue con ella con quien tuvo sus únicos dos hijos.

En la cárcel de mujeres, Marta hacía tareas administrativas, por eso usaba guardapolvo blanco y no el uniforme de las empleadas del penal. Ese dato fue clave para que algunas presas políticas pudieran identificarla. Una ex detenida, declaró que Marta las había llevado hasta la sala de tortura y que incluso se había quedado en la sala presenciado cómo las torturaban. Marta siempre negó todo.

En 1978, Musa pidió su retiro voluntario. Una de sus pasiones era criar animales y comenzó a dedicarse a ello. Además, se llevo una jubilación de privilegio y muchos contactos para prestar servicios de seguridad privada.

En 1981, Marta y Musa tuvieron a su primer hijo. Lo nombraron Antonio, pero en Santiago del Estero lo conocían como “Musita”. El menor, Moisés, nació en 1990.

Luego de las leyes de obediencia debida y punto final, Marta y Musa paseaban por Santiago como si nada. No sentían culpa, vergüenza, ni miedo, ni siquiera cuando se cruzaban a algunos de los que habían estado presos y torturados por las patrullas de Azar.

Así, Musa pasaba sus días entre el zoológico que había comprado en Árraga y su empresa de seguridad privada, hasta que en 1993, el entonces Gobernador de Santiago Estero, lo convocó para trabajar en el Área de Seguridad.

En julio de 1995 Musa fue designado Director General de Seguridad, con dependencia directa del Poder Ejecutivo provincial. Juárez iba y venía de Buenos Aires a Santiago del Estero, alternando el cargo de gobernador con el de diputado nacional. Musa seguía atado a su cargo, gobernara quién gobernara la provincia. En la Secretaria de Seguridad había armado una verdadera oficina de espionaje y persecución política al servicio de Juárez. Todos le temían. Además de pinchaduras de teléfono, utilizaba una red de espías (algunos policías de civil, otros que trabajan de mozos o empleados en hoteles) que recogían información sobre los santiagueños: tendencias políticas, ideológicas, si participaban de protestas o marchas, si estaban a favor o en contra de Juárez. Espiaba a todo tipo de ciudadanos: empleados públicos, curas, periodistas, estudiantes. Los espías andaban por la ciudad en moto, escuchando conversaciones en las calles y plazas. Los mozos y empleados de hoteles escuchaban las conversaciones de todos los que se sentaban a tomar o comer en el restaurante. Cuando detectaban algo que podía interesarle a Musa se lo hacían llegar.

En 2003, Musa seguía como Subsecretario de Seguridad. Vivía con su esposa, continuaba teniendo amantes, y cuidaba de sus dos hijos y de su concubina oficial, Marta Cejas. Moisés era todavía un niño. Musita ya era más grande, estudiaba Medicina en la Universidad de la Rioja pero visitaba Santiago con frecuencia.

Ese año, dos chicas santiagueñas aparecieron muertas en un descampado. Desde un principio se sospechó que en ese doble crimen estaban involucrados hijos y allegados del poder, entre ellos Musita. Comenzaba, así, la decadencia de Musa Azar.

El litoral Investiga: Informe Reservado – Mayo 2000